Enganchados.

Generalmente tenemos una tendencia, una sensación muy interna, a identificar las tecnologías con la juventud. Pensamos que esto es cosa de chavales, que es propio de nativos digitales, de comportamientos vinculados a la conectividad que son cosa de jóvenes. Incluso ahora hablamos de la generación conectada, que es así como definimos a los millennials. El tiempo de ocio se identifica directamente con la conexión a internet, lo que les convierte en los enganchados.

Yo tengo 55 años, la verdad es que no me considero un “nativo digital” sino más bien un nómada de la adaptación tecnológica.

Siempre hablamos en tercera persona de los vicios de la conectividad, de la dependencia de los datos. Y además esa “tercera persona” tendemos a ubicarla en un segmento de juventud. Bueno, yo tengo 55 años, la verdad es que no me considero un “nativo digital” sino más bien un nómada de la adaptación tecnológica. Cuando creo que lo controlo, me lo cambian. Por supuesto creo que a nadie se le ocurriría situarme en el grupo de los millennials, a estos no me acerco ni aunque lo intente, pues mi calva, mi curva de la felicidad y mi saco de años me lo impiden.

Un amigo con los 50 a tiro de piedra me confesaba hace unos días que con una conexión al Fortnite*, una cerveza y unos panchitos, tenía el fin de semana resuelto. A ver si va a resultar, que esto de las nuevas tendencias, no va a tener una proporcionalidad directa con la edad. Es más, en el año 2014, el informe “La Sociedad de la Información en España” nos decía que 19 millones de españoles viven conectados, con una media de 150 consultas al día a su smartphone.

Que si quitamos las horas de sueño, y otras cuantas como aseos, duchas, y otros menesteres, nos podrán quedar del orden de 14 horas al día susceptibles de conexión, o lo que es lo mismo, por lo menos una conexión cada 10 minutos de media, horas de trabajo incluidas. Y todo esto en el año 2014, que ya han pasado cinco más**.

Puede que todos estemos más enganchados de lo que queremos reconocer.

Pues eso, como decía, a lo mejor vincular tecnologías y conectividad con la juventud, quizás sea demasiado atrevido. Puede que todos estemos más conectados de lo que queremos reconocer, más enganchados de lo que creemos, no “esos” sino “todos nosotros”, y en este punto llega la disrupción.

Porque al final todas estas clasificaciones de generaciones no somos más que consumidores.

Los consumidores estamos permanentemente conectados, y esto hace que tecnología y marketing se den la mano, nuestro dispositivo móvil se transforma en la puerta de entrada más potente hacia nosotros y la más deseada para las marcas. La publicidad personalizada que nace del big data, el que estemos ante una pérdida de privacidad por culpa de la tecnología, o más bien de los hábitos tecnológicos, los dispositivos permanentemente conectados, el internet de las cosas, y un sinfín de puertas abiertas han comenzado a despertar ciertos recelos en los consumidores. Porque al final todas estas clasificaciones de generaciones, de millennials, de nativos digitales, no somos más que eso, consumidores. Y empezamos a temer por nuestra privacidad, aunque es muy probable que ya sea demasiado tarde, ¿o no?

* (ojo con la referencia al Fornite, que a la velocidad que va esto y teniendo en cuenta que el artículo lo escribí en 2019, lo mismo al leer esto ya ni sabemos que es Fornite).

**(contextualicemos las fechas, que esto se escribió en 2019).